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Actividad

  • calab0s0 ha actualizado una entrada en el grupo Logo del grupo Ciudad TelarañaCiudad Telaraña hace 3 años, 10 meses

    Como anuncié anteriormente, he empezado a reescribir Ciudad Telaraña como un mundo de juego propio, separado del sabor a genérico para jugar a Kult que tenía inicialmente. Os pongo un fragmento inicial del texto reescrito hasta ahora:

    Orígenes de Ciudad Telaraña
    Ciudad Telaraña no es un lugar concreto. Puedes situar las partidas en una ciudad con nombre real de tu elección pero no es necesario, incluso es mejor no usar nombre alguno. Mientras juguéis, podéis llamarla simplemente “La Ciudad”.
    La ciudad en la que vayáis a jugar no nació de la misma forma que el resto de las ciudades de vuestro mundo. Ha sido fabricada por los sueños que proyecta la Ooteca. Entrar en ella o salir de ella es casi imposible y para la inmensa mayoría de sus habitantes las demás ciudades del mundo solo existen en los libros de historia y geografía, en fotos y en películas. Los habitantes de Ciudad Telaraña que deseen viajar a otras ciudades no lo harán realmente, sino que lo harán en sueños, pasando ese tiempo en un Reflejo.
    Solo la Araña sabe cuánto tiempo ha existido la Ciudad o si ha avanzado tecnológicamente desde su creación. La gente nace, crece y muere pero ningún avance tecnológico tiene carácter revolucionario. En la Ciudad se estudia la historia del mundo, pero nadie parece interesarse por la de la propia urbe. Todos recuerdan algún alcalde del pasado o algún incendio famoso pero el desinterés es absoluto.
    Lo cierto es que la Araña llegó a nuestro mundo y creó la Ciudad hace casi ocho milenios. Entonces la llamó Iruk. La Araña provenía de las estrellas o quizás huía de ellas; no lo recuerda bien, pues para viajar por el Vacío es necesario abandonar toda nostalgia del lugar del que provienes, incluyendo la forma de volver. Solo pudo llevar consigo textos e imágenes de su mundo, así que podía saber cómo era pero no dónde estaba, por qué lo abandonó o cómo se creó. Los pocos humanos que han sabido de la Araña también la han llamado la Viajera.
    La primera versión de la Ciudad se construyó a imagen y semejanza de las que traía retratadas: era un conjunto de edificios curvilíneos, cubiertos de brillantes cerámicas y adoquinados que formaban un entramado geométrico de líneas concéntricas y radiales. Todas las necesidades vitales estaban cubiertas mediante la Ciencia Oscura que reaprendió de sus textos, una magia capaz de manipular el tejido de la realidad a voluntad de quien la usa. Con el tiempo, la Viajera se asomó al mundo y descubrió a los humanos recorriendo la Tierra, arando, criando, luchando, extendiéndose. Decidió ocultar la Ciudad cubriéndola con una Telaraña mística que proyectase hacia fuera la imagen que cualquier visitante esperase encontrar en un espacio vacío. A partir de ese momento renombró la urbe que pasó a llamarse Yolicáh. También dejó de ser visible desde las estrellas y por tanto dejaron de poder verla desde su planeta natal. Así, los Otros Viajeros que habían salido en busca de la Araña dejaron de tener su luz como guía y debieron empezar a buscar planeta a planeta, estrella a estrella, retrasando su búsqueda durante milenios.
    Sin más personas de su especie con las que compartir la Ciudad, esta se fue convirtiendo en un lugar cada vez más predecible y aburrido para la Araña. Este tedio decidió combatirlo con creatividad. Sin embargo, este don no era uno en el que la única habitante de Yolicáh estuviera bien dotada. Sus construcciones, sus rituales, su idioma y su tecnología eran copias, transcripciones de su antiguo mundo. Aquí es donde entraron a formar parte del juego los humanos.
    Usando una parte de la Ciencia Oscura llamada el Esperpento, la Araña usó espejos deformes para crear copias de los seres humanos que rondaban por el exterior. Criaturas blandas que se rompían o morían con facilidad y a las que, al contrario que a ella, les repugnaba tanto estar encerradas como les horrorizaba el vacío del espacio. Eran iguales en todo al resto de humanos, salvo por su incapacidad de soñar por sí mismos. La Araña observó que, al morir, las almas de los humanos creados salían del cuerpo, atravesaban la Telaraña y se quedaban flotando en el espacio, en la lejanía, odiando pero incapaces de hacerle daño. A pesar de que la Ciencia Oscura algo dice sobre recuperar almas, la propia Araña nunca ha tenido interés en recuperar a ninguna.
    Los humanos eran capaces de crear cosas nuevas mucho más originales que las de la Viajera, así que les permitió modificar la Ciudad, combinando impresionantes obras de arte y arquitectura con construcciones útiles que les permitían vivir mejor. También les permitió modificarse a sí mismos y crear órganos reproductores, con los que los espejos deformes dejaron de ser necesarios. La Araña decidió romperlos en pedazos que usó para crear un Jardín de Cristal al que se trasladó a vivir para mantenerse alejada de los humanos. Desde el jardín, la Araña tejía sueños de viaje y evasión con los que cada cierto tiempo ponía a dormir a los humanos más necesitados de ello, haciendo que creyesen viajar a otros lugares. Con el tiempo, estos sueños se mantuvieron por sí mismos y la Araña solo necesitaba crear alguno nuevo de tanto en tanto. Finalmente, la Araña decidió, por primera vez desde que llegase a la Tierra, descansar y dormir. Dormida, soñó el tercer y último nombre de la Ciudad pero lo olvidó al despertar. Por eso ahora carece de otro nombre que no sea el que le hayan dado los humanos que la habitan. Dicen que averiguarlo otorgaría un gran poder.
    Cuando despertó, la Araña descubrió que algo había cambiado. El Jardín de Cristal había crecido y dispersos por él había gran cantidad de huevos. De inmediato los reconoció como hijos suyos pero, ¿cómo se habían creado? ¿Quién o qué había puesto la otra mitad de la materia necesaria? Sintió que aquellas crías eran peligrosas para ella, que le habían sido implantadas contra su voluntad y con un propósito terrible. Asustada, dispersó los huevos por toda la Ciudad y huyó, excavando un agujero profundo en la tierra y construyendo bajo la urbe y aún bajo la protección de la Telaraña, una gigantesca e intrincada Catacumba en la que ocultarse.